El Papa invita a ser cristianos sin miedo a mancharse las manos para ayudar a los demás
Durante la Misa celebrada este lunes 8 de octubre en la Casa Santa Marta, el Papa Francisco se sirvió de la parábola del Buen Samaritano para invitar a ser “cristianos sin miedo a mancharse las manos y las ropas cuando se acercan al prójimo”.
El Pontífice puso de relieve cómo únicamente el samaritano, considerado un pecador, se detuvo a socorrer al hombre agredido y abandonado malherido en el camino y al que ignoraron hombres considerados virtuosos, como un sacerdote y un levita.
El samaritano “no miró el reloj, no pensó en la sangre del herido. Se acercó a él, se bajó de su cabalgadura y le curó las heridas con aceite y vino. Se manchó las manos, se manchó las ropas de sangre. Después lo cargó en su cabalgadura y lo llevó a un albergue”.
Por otro lado
Los abusos sexuales en la Iglesia, uno de los temas principales del Sínodo de los Obispos
El tema de los abusos sexuales dentro de la Iglesia tiene un protagonismo especial en los trabajos del Sínodo de los Obispos sobre los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional que se celebra en Roma.
Aunque no es el principal tema del que se está hablando, el Padre Sinodal electo por la Conferencia Episcopal de Malta, Mons. Charles J. Scicluna, informó a los medios de comunicación que es uno de los temas de los que más se está debatiendo en los trabajos de los Círculos Menores, reunidos por idiomas y en el que participan auditores, expertos y otros miembros del Sínodo que no son Padres Sinodales.
Mons. Scicluna explicó que se está evidenciando que “hay hambre de una Iglesia auténtica”, y eso se refleja en la preocupación por el tema de los abusos.
“Mi sensación es que en los Círculos Menores se ha discutido este tema de forma general”. Explicó que se trata de un asunto importante “que deberá encontrar mayor espacio en los documentos finales” del Sínodo. “Sabemos que en la mayoría de los casos las víctimas son jóvenes. Debemos hablar de estas heridas provocadas por personas que, en realidad, deberían curar heridas. Por lo tanto, es una situación trágica”.
Aseguró que “hay voluntad de que la Iglesia se convierta realmente en un lugar seguro, y que las diferentes Conferencias Episcopales puedan aplicar la política de la Iglesia en este asunto, y que elaboren directrices para la aplicación de la política de la Congregación para la Doctrina de la Fe”.
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